salud!
Estoy feliz porque pienso que algunos de los que distraídamente me leen, habrán sido capaces de establecer las diferencias, a veces no tan pequeñas, y creyendo que el equilibrio se puede correr más, hacia el lado de los que viven en el desequilibrio. Porque eso es, y eso fue pensar, que a veces alguien podía aún en estos tiempos convocar a los hombres y no sólo a los políticos. Estoy feliz porque nadie rendirá cuentas a dios, quien es alguien difícil de encontar, ya sea en un café o en la calle. Yo prefiero rendir cuentas a los hombres. No nos robarán los poemas de Bretch, ni las consignas como "la lucha continua", o "el pueblo unido jamás será vencido". Dejarán existir a todas las formas del amor, podremos pensar si queremos hijos, nadie dudará de una mujer, sólo porque sonría más hermosamente que nosotros. Parece que a pesar de ser dueños de todo, no queríamos que fueran dueños de nuestra alma. Un pensamiento político ajeno a esta emoción: si el intervencionismo del Estado exisitiera, el intervencionismo de los dueños del país es tan antiguo como Diego de Almagro. Y al menos comparto la alegría con algunos tal vez de conversar sí, pero de no saber de los políticos por un buen tiempo, hasta cuando empiecen otra vez a pensar en el poder, y la doctora diga que no ha ido al otorrino.

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